El Cuento de Eric
Erase una vez un chico llamado Eric que vivía en Siria. Eric tenía un padre y
una madre que lo querían mucho, su padre era dueño de una petrolera y le daba la mejor educación a su hijo, para que en un futuro Eric fuera el siguiente dueño de la petrolera. Eric creció viendo a su madre y a su padre felices y amándose, pero Eric no era un chico feliz.
Un día Eric le preguntó a su padre -Papá ¿Por qué no soy feliz?- y el padre le contestó -Sí eres feliz, en poco tiempo tendrás un buen trabajo.
Al día siguiente le preguntó a su madre -Mamá ¿Por qué no soy feliz?- y su madre dijo -Sí eres feliz, no te falta comida y podrás casarte con una hermosa mujer.
A pesar de todo, Eric seguía siendo infeliz y se sentía diferentes a todos los chicos de su edad, un día su padre le preguntó -Eric ¿Tienes alguna novia?- Eric dijo que no, e intentó buscar una respuesta a esta pregunta que le hacía sentir infeliz.
Nunca había tenido novia; de hecho, nunca se sintió atraído por ninguna chica y nunca le había importado. Hasta ahora.
Un día, un chico nuevo vino a su clase. Se llamaba Jeremy, y pronto, él y Eric se hicieron buenos amigos. Compartían gustos parecidos, y quedaban bastante a menudo. Pronto, Eric se dio cuenta que sentía algo más que amistad por él, algo que nunca había sentido por nadie. Era extraño para él, no lo había visto nunca antes en ninguno de sus amigos, no quería aceptarlo, no podía ser verdad. ¿Era posible que le gustase Jeremy? ¿Que fuera homosexual?
Con el paso del tiempo, Eric se fue distanciando de Jeremy, por miedo a que descubriese sus sentimientos hacia él y que acabara como el resto de los gays de Siria: muertos, asesinados por un gobierno homófobo y poco tolerante.
Tenía miedo, no sabía qué hacer. Ya tenía diecisiete años, le quedaba poco para la mayoría de edad y para poder escapar, vivir su propia vida, aceptando lo que realmente es y sin miedo a expresarlo delante de todos. Pero soñar no era fácil para Eric, inmediatamente abría los ojos y caía sobre él la abrumadora realidad. Jeremy estaba enamorado de una chica, no estaba ciego, veía las miradas que compartían; y pensó que no había nadie para él. De momento lo ocultaba, asustado, pero esa solución no era para siempre; ¿qué haría cuando sus compañeros de clase se enteraran? No quería ni imaginarlo. Pero no podía quedarse. Se armó de valor y decidió no esperar a que otros eligieran su destino por ser cómo era. Cogió una mochila y guardó toda la ropa que pudo, un colgante de su madre y un reloj de su padre; dejó una nota a su madre donde decía que la quería y que lo sentía, y se fue.
Simplemente se fue, ni siquiera él sabía dónde; pero el solo hecho de decidir por sí mismo una vez en su vida lo llenó de felicidad. Así comenzó la nueva vida de Eric, en la que el miedo y las preguntas incómodas ya no tenían cabida.






































